Beber agua no es sinónimo de hidratarse

El cuerpo humano se compone entre un 60-70% de agua, y esto es así ya que el agua es esencial para la vida misma. Juega muchos papeles importantes en el organismo haciendo de solvente para permitir muchas reacciones químicas y mantener funciones corporales. Transporta los nutrientes a las células del cuerpo y se encarga de retirar de las mismas los residuos. También ayuda a regular la temperatura corporal mediante la redistribución del calor desde tejidos activos hasta la piel y mediante el enfriamiento del cuerpo a través del sudor.

 Órganos importantes como el cerebro están compuestos por un 90% de agua. Es por ello que debemos aprender a escuchar a nuestro cuerpo y atender a la sensación de sed para evitar una deshidratación, la cual nos podría llevar a estados de confusión mental, fatiga, somnolencia e incluso infecciones urinarias.

Pero ¿realmente basta con beber agua? La respuesta es rotundamente no. El agua (H2O) por sí sola no hidrata. Es aquí donde entran en juego las sales minerales o electrolitos, moléculas esenciales para funciones vitales e indispensables para que haya una adecuada cantidad de agua circulando por el organismo, sobre todo a la hora de realizar cualquier actividad física. Estas son las responsables de retener el agua en el cuerpo y participar en procesos como la función cardíaca, contracción muscular, impulso nervioso o regular la presión osmótica y el pH.

Nuestro cuerpo no fabrica estas sales por lo que tenemos que incorporarlas a través de los alimentos o bebidas mineralizadas.  Las más importantes en este aspecto son el sodio, potasio, magnesio y cloruro, que suelen perderse mediante el sudor y pueden crear un desequilibrio.

Es por ello que en épocas de calor la tierra nos ofrece frutas y verduras de temporada con gran contenido de agua , pero que a su vez nos aportan vitaminas y minerales que hacen que la retengamos mejor. En verano frutas como la sandía, melón y fresas o verduras como las lechugas, el pepino y los tomates serán una buena opción para nuestras comidas.

Por otro lado tenemos a nuestra disposición la mejor fuente de hidratación y la más biodisponible, el agua de mar para consumo humano (es decir, filtrada y libre de patógenos). Este líquido contiene minerales, proteínas, vitaminas y más de 90 elementos de la tabla periódica que son vitales para nuestro organismo, debido a que su composición es muy similar a nuestro plasma sanguíneo la convierte en una super opción a la hora de reponer minerales y rehidratarnos. Son otros muchos más beneficios los que nos puede aportar la ingesta de agua de mar ya que es alcalina y reduce el pH ácido del cuerpo. Esto se traduce en reducir el caldo de cultivo para muchas enfermedades. Gracias al aporte tan completo de nutrientes somos capaces de absorber mejor a través de intestino, regular las funciones celulares y la presión arterial.

Para poder beber agua de mar, primero ha de ser tratada o purificada mediante microfiltración y así eliminar impurezas para hacerla potable.  A la hora de beberla, lo ideal es diluirla en agua dulce en la proporción de 1:3, es decir, una parte de agua salada por 3 de agua dulce. También admite mezclarla con zumos o infusiones. Prepárate un litro y bébelo a lo largo del día, de esta manera nuestro cuerpo irá absorbiendo poco a poco sus propiedades minerales. Usada en la cocina realza el sabor de los platos y aporta un extra nutritivo.

En etapas de mayor ejercicio físico o temporadas de más calor y, por ello más sudoración, es importante vigilar nuestro estado de hidratación y electrolitos. Pero el agua y las sales minerales son vitales para todas las funciones corporales, por lo que nunca debería faltarnos una buena nutrición, llena de alimentos y bebidas que nos aporten los nutrientes necesarios para gozar de un bien estar.

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